noviembre 20, 2025

La mujer que vivió 117 años revela algo fascinante

La superanciana española Maria Branyas, que batió el récord mundial de vivir 117 años, tenía características biológicas asociadas a una longevidad saludable, como un buen microbioma, pero a la vez presentaba señales de envejecimiento extremo.

Son las principales conclusiones de un estudio del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras, publicado este miércoles (24.09.2025) en la revista Cell Reports Medicine.

El estudio más exhaustivo sobre supercentenarios
El nuevo estudio –liderado por el jefe del grupo de Epigenética del cáncer del Instituto, Manel Esteller– incluye el análisis completo de las muestras obtenidas de Maria Branyas antes de fallecer y constituye el estudio más exhaustivo hasta la fecha sobre una supercentenaria.

Branyas, nacida en San Francisco (EE. UU.) en 1907 y fallecida en Olot (Gerona, noreste de España) en 2024, es por ahora la persona más longeva del mundo, gracias a una salud de hierro que ni siquiera el covid pudo derribar.

La excepcionalidad del caso llamó la atención de Esteller, que se propuso analizar qué características diferenciales tenía su cuerpo para prácticamente no enfermar nunca, pues no tuvo ni cánceres ni demencia u otras patologías graves propias del envejecimiento.

Branyas y su familia accedieron a que el equipo de Esteller recogiera muestras de la superanciana, como saliva, sangre y orina, para dilucidar el porqué de su longeva vida.

Longevidad saludable vs. envejecimiento extremo
Tras analizar las muestras, los investigadores han concluido que quienes alcanzan edades supercentenarias no lo logran por un retraso general del envejecimiento, sino, en palabras de Esteller, gracias a una «fascinante dualidad: la presencia simultánea de señales de vejez extrema y de longevidad saludable».

En este sentido, el equipo observó que Branyas presentaba características genéticas asociadas a la neuroprotección (que evitan la demencia) y la cardioprotección (que preservan el correcto funcionamiento cardiovascular).

También tenía un microbioma muy joven, como el de una niña, dominado por bifidobacterias beneficiosas, así como una edad biológica inferior en diecisiete años a la cronológica, según conclusiones parciales del estudio que ya se dieron a conocer el pasado marzo.

Pero a la vez, el equipo investigador detectó signos inequívocos de envejecimiento, como telómeros muy cortos (son los extremos de los cromosomas, que se acortan con la edad), un sistema inmunitario proinflamatorio y una población envejecida de linfocitos B (células del sistema inmunitario que se forman a partir de las células madre en la médula ósea).